No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.
Por conservar la libertad, la muerte, que es el último de los males, no debe temerse.
Nada perturba tanto la vida humana como la ignorancia del bien y el mal.
El amor es el deseo de obtener la amistad de una persona que nos atrae por su belleza.
La libertad sólo reside en los estados en los que el pueblo tiene el poder supremo.
La necedad es la madre de todos los males.
El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.