Salvar la civilización es salvar la vida de un pueblo.
Nada tan estúpido como vencer; la verdadera gloria está en convencer.
El hombre tiene el amor por ala, y el deseo por yugo.
Una fe: he aquí lo más necesario al hombre. Desgraciado el que no cree en nada.
Quien me insulta siempre, no me ofende jamás.
El que niega el progreso es un impío; el que niega el progreso niega la providencia, pues providencia y progreso son la misma cosa, y el progreso no es más que uno de los nombres humanos del Dios Eterno.
Tan corta como es la vida, aún la acortamos más por el insensato desperdicio del tiempo.
A las mujeres les gusta sobre todo salvar a quien las pierde.