El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro.
No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer.
Si se quisieran estudiar todas las leyes, no habría tiempo material de infringirlas.
Toda palabra dicha despierta una idea contraria.
Ciertos libros parecen haber sido escritos no para aprender de ellos sino para que se reconozca lo que sabía su autor.
Con el conocimiento se acrecientan las dudas.
Las ideas audaces son como piezas de ajedrez. Pueden ser vencidas, pero también pueden iniciar una partida victoriosa.
La creencia no es el principio, sino el fin de todo conocimiento.
La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma.
El amor no se domina; se cultiva.