El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído.
El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda.
Cuando no comprendemos una cosa, es preciso declararla absurda o superior a nuestra inteligencia, y generalmente, se adopta la primera determinación.
Es raro, muy raro, que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla.
El amor es para el niño como el sol para las flores; no le basta pan: necesita caricias para ser bueno y ser fuerte.
Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.
Absurdo sería pedir al cálculo lo que puede dar la abnegación.