Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo.
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No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe.
Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.
El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos los caballos.
La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo.
La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco.
El legislador no debe proponerse la felicidad de cierto orden de cuidadanos con exclusión de los demás, sino la felicidad de todos.
Así como los ojos están formados para la astronomía, los oídos lo están para percibir los movimientos de la armonía.
La burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan.
No es en los hombres, sino en las cosas mismas, donde es preciso buscar la verdad.