El azar es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar.
Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos.
Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.
La desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve.
A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas.
No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.
El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.
Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en la hoya.
Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse.
Te conocerás a ti mismo en cuanto empieces a descubrir en ti defectos que los demás no te han descubierto.
El nacimiento de la ciencia fue la muerte de la superstición.
Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre.
Cuando las circunstancias cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted que hace?
La vergüenza de confesar el primer error, hace cometer muchos otros.