No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre.
Duerme con el pensamiento de la muerte y levántate con el pensamiento de que la vida es corta.
Siempre son los demás los que se mueren.
A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo.
Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos.
Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.
La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.
La muerte es el comienzo de la inmortalidad.
La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella.
La muerte aceptada con resignación no es ningún honor.
La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
Nuestra naturaleza está en movimiento. El reposo absoluto es la muerte.
¿Por qué no salir de esta vida como sale de un banquete el convidado harto?