No habléis mal de nadie, ni siquiera de vuestros enemigos.
La muerte es el comienzo de la inmortalidad.
Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.
Habla poquísimo de ti, poco de los otros, mucho de las cosas.
La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes.
Los que poseen el espíritu de discernimiento saben cuanta diferencia puede mediar entre dos palabras parecidas, según los lugares y las circunstancias que las acompañen.
Si vivir sólo es soñar, hagamos el bien soñando.
El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas.
Dios ha creado al hombre como una animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad.
Cuando se necesitan brazos, el socorro en las palabras no sirve de nada.
Cuanto más vivo, más maravillosa se vuelve la vida.
Repetir es persuadir con más detalle.
Perdonar es no tener demasiado en cuenta las limitaciones y defectos del otro, no tomarlas demasiado en serio, sino quitarles importancia, con buen humor, diciendo: ¡sé que tú no eres así!
Se dice que el elefante indio llora a veces.
Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.