Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan.
El sexo sólo es sucio si se hace bien.
Servid cien veces, negaos una, y nadie se acordará más que de vuestra negativa.
No habléis mal de nadie, ni siquiera de vuestros enemigos.
Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.
Habla poquísimo de ti, poco de los otros, mucho de las cosas.
Los que poseen el espíritu de discernimiento saben cuanta diferencia puede mediar entre dos palabras parecidas, según los lugares y las circunstancias que las acompañen.
El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas.
Dios ha creado al hombre como una animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, de lenguaje, para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad.
Cuando se necesitan brazos, el socorro en las palabras no sirve de nada.
Repetir es persuadir con más detalle.
Perdonar es no tener demasiado en cuenta las limitaciones y defectos del otro, no tomarlas demasiado en serio, sino quitarles importancia, con buen humor, diciendo: ¡sé que tú no eres así!
Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
Toda palabra dicha despierta una idea contraria.
Escojo a mis amigos por su buena apariencia, a mis conocidos por su carácter y a mis enemigos por su razón.