El hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a otros.
La pereza, es decir, la pasión de la inacción, tiene, para triunfar, una ventaja sobre las demás pasiones, y es que no exige nada.
Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.
Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar.
Tengo tres perros peligrosos: la ingratitud, la soberbia y la envidia. Cuando muerden dejan una herida profunda.
Odioso para mí, como las puertas del Hades, es el hombre que oculta una cosa en su seno y dice otra.
La violencia no es fuerza sino debilidad, nunca podrá crear cosa alguna, solamente la destruirá.
Si escondes tu ignorancia, nadie te herirá y nunca aprenderás.
Un necio encuentra siempre otro necio aún mayor que le admira.
La más peligrosa de todas las debilidades es el temor de parecer débil.
Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía.
El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella.
Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.
La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.
Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño.