Los ángeles lo llaman placer divino; los demonios, sufrimiento infernal; los hombres, amor.
Olvida que has dado para recordar lo recibido.
Cuando se es amado, no se duda de nada. Cuando se ama se duda de todo.
El verdadero paraíso no esta en el cielo, sino en la boca de la mujer amada.
La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer.
El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.
Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.
El adulterio es justificable: el alma necesita pocas cosas; el cuerpo muchas.
Un amigo es la mano que despeina tristezas.
La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.
Perder a viejos amigos por acumulación de pequeñas faltas es uno de los más dolorosos sucesos.
Cuando hay un exceso de amor, el hombre pierde su honor y su valía.
La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin.
La vida es tan incierta, que la felicidad debe aprovecharse en el momento en que se presenta.