El amor a la vida es esencialmente tan incomunicable como el dolor.
Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.
El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.
Los amigos son mi propiedad. Perdonadme la avaricia de acumularlos.
Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho.
Entre un hombre y una mujer la amistad es tan sólo una pasarela que conduce al amor.
La felicidad es una estación de parada en el camino entre lo demasiado y lo muy poco.
El hijo de las largas convivencias desapasionadas es el tedio.
Si nuestros amigos nos hacen favores, pensamos que nos los deben a título de amigos, pero no pensamos que no nos deben su amistad.
Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte como la mano izquierda enamorada de ese guante que vive en la derecha.
Entre dos individuos, la armonía nunca viene dada, sino que debe conquistarse indefinidamente.
Soportaría gustosa una docena más de desencantos amorosos, si ello me ayudara a perder un par de kilos.
La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.
El amor no se domina; se cultiva.
Un cobarde es incapaz de mostrar amor; hacerlo está reservado para los valientes.