Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.
El corazón alegre hace tanto bien como el mejor medicamento.
Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.
Uno no puede hacer nada por las personas que ama, sólo seguir amándolas.
Se aprende a hablar, hablando. A estudiar, estudiando. A trabajar, trabajando. De igual forma se aprende a amar, amando.
Dueño del Universo, yo regulo su fortuna. Puedo nombrar reyes, puedo deponerlos, pero de mi corazón yo no puedo responder.
Si los sentidos no son veraces, toda nuestra razón es falsa.
El amor perfecto tiene esta fuerza: que olvidamos nuestro contento para contentar a quienes amamos.
¿La cuestión de la fe? Me la planteo todos los días, sin cesar. He dicho no. He dicho no a Dios, si se me permite expresarme de esta manera brutal; pero la cuestión se replantea a cada instante. Estoy obsesionado, digámoslo claramente, obsesionado, si no por Dios, por el no-Dios. Así es.
Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice a nuestras espaldas y como no nos enteramos, nada ocurre.
No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir.
Las mejores cartas de amor están escritas por los que no están enamorados.
La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.
¡Qué raro y maravilloso es ese fugaz instante en el que nos damos cuenta de que hemos descubierto un amigo!